César Bona en la Unir

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Gracias a José Fernando Calderero

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El tesoro más preciado que me dejó un padre que me barrió las penas y me bajó la luna para jugar con ella, es esta entrevista realizada a pie de calle por Montserrat Garnacho cuando mio Pa barría las calles de L.luarca. Mio Pa era un poeta juglar que falaba en versu, porque como dicía su versu era consuelu.
Hoy una persona a la que le tengo una estima grandísima, recomienda leer los poemas dictados por mi padre.
Es un regalín para esa estrellina que me acompaña desde el cielo siempre, que lo recuerden siempre a través de su poesía, su aliento, su sencillez y humildad pudiendo transformar la basura y los cristales en bellos versos.
La imagen es de mi próximo libro ” Espiral Verde”, una ilustración con magia de Antonio Seijas y se titula ” El barrendero del M0MA”

Mi lápiz; mi arma más preciada

Cuando volví de la Argentina, con 8 años no sabía leer, ni escribir, pero tengo que decir que era feliz. Tuve una profe que me quería en su clase como un trofeo ” la españolita”, es para mi, pero como esta españolita era tan tímida y cerrada como una ostra, pronto se olvidaron de ella. Y repetí curso, el siguiente curso me dediqué por completo a lo que yo quería; a dibujar árboles, de ramas muy grandes. La señorita Rosa me dejaba dibujar, comprendía mi esencia.
Al año siguiente cuando llegué a España, a mi pueblo concretamente, estaba sentada en mi pupitre tan feliz cuando la profesora María me preguntó qué ponía en el encerado. Mi rostro se convirtió en un tomate, pues con 8 años no sabía leer, ni intuía la existencia de las letras.
Con lo cual me pasaron para primero, y con tan buena suerte que me motivé y aprendí todo en un trimestre, así que me pasé medio curso en primero, medio curso en segundo y para tercero.
Por eso creo en los niños, por eso creo en el poder interior, desde aquel día solo había una cosa que adoraba y era mi lápiz de rayas: amarillas y negras con sombrero rojo, porque podía contar mi historia. Podía escribir poesías, pintar y pintar….
Creo firmemente en la Educación y en los profesores de vocación.
Por eso después de muchos años he conseguido lo imposible; ser profe de primaria e infantil, ser poeta, cuentacuentos y sobre todo madre de dos hijos hermosos que me enseñan cada día a ser mejor.
Este video es de Paulo Coelho, uno de mis escritores favoritos entre tantos. Me encanta.

El síndrome de Down, diferentes capacidades

Imagina que el cromosoma que viaja contigo, es tu amigo y además te habla y te da consejos para ser feliz.
Porque cromosoma significa cuerpo de color y dentro de eso cuerpo habitan miles de contrastes, gamas de colores que te enseñan el camino de la creatividad.
Porque las personas con síndrome de down, son personas maravillosas dispuestas a darnos amor, color, creatividad y pasión.
El cuento ” Camino de Luz”, del que soy autora junto con Ladyisabel, chica con síndrome de down y diseñadora de alta costura, nos adentra en un mundo de luz y matices que está dentro de tí y de todas las personas que son capaces de descubrir su elemento cómo nos explica Ken Robinson, en su bello libro.
Si alguién quiere trabajar este libro en los coles, está disponible en: Pasión por los libros.
Una historia de superación, amor, creatividad y mucha pasión.

Camino de Luz

El desamparo de los niños superdotados

Son muchos los niños que sufren en silencio tener altas capacidades por eso me uno a estos padres para pedir comprensión, y preparación en este aspecto, que es tan desconocido cómo muchas veces tabú.
Los niños de altas capacidades son niños con unas necesidades educativas que hay que atender porque en el caso que no se sepa encauzar estos niños pueden terminar en fracaso escolar y una baja autoestima. Por eso se necesita mucha ayuda y empatía.

Lucas tiene 10 años y, al contrario de lo que les ocurre a la mayoría de los niños de su edad, a él jugar al fútbol no le interesa en absoluto. Lo que le interesa es el universo, las partículas, el bosón de Higgs… Hace tiempo que lee libros que serían incomprensibles para muchos adultos pero, sin embargo, el colegio nunca se le ha dado bien. «Daba muchos problemas, no paraba quieto en clase, y los profesores nos decían que estaban desesperados», recuerda su madre, Ana Isabel Fraga.

Su diagnóstico hoy parece claro: Lucas es un niño con altas capacidades, lo que comúnmente se conoce como un ‘superdotado’, pero la valoración de un psicólogo no llegó hasta hace tres años. «Teníamos sospechas», dicen sus padres, pero también tuvieron que «desmontar muchas ideas preconcebidas», y darse cuenta de que los niños con este perfil «no son pitagorines que se pasan el día estudiando y sacan sobresalientes». No. La realidad es mucho más compleja que eso.

«Lo que vemos es que hay niños que tienden a tener problemas desde pequeños», explica Jorge del Castillo, presidente de la Asociación de Padres de Alumnos de Altas Capacidades de Asturias (APADAC). Suelen ser inquietos, se estresan y no entienden a sus compañeros. «No se adaptan al sistema educativo», señala. Y eso es lo que le ocurría a Lucas. Los profesores le reprendían constantemente y le castigaban, pero ninguna de las amonestaciones surtía el efecto deseado. La situación era cada vez peor.

Ana Isabel y su marido, Alfredo Domínguez, tuvieron otro hijo, y comenzaron a ver como todo comenzaba a repetirse. Sus hijos hablaban perfectamente a los dos años, con un vocabulario mucho más amplio que el de los niños de su edad, y comenzaron muy pronto a hacerse preguntas sobre la muerte, sobre el universo o sobre el cuerpo humano. «Le interesaba mucho el funcionamiento del corazón», cuentan. Sus intereses no se parecían a los de los otros niños, su curiosidad era insaciable, y no era el único.

Se calcula que entre un 2 y un 3% de la población tiene altas capacidades, lo que en Avilés supondría algo más de un millar y medio de personas, entre ellas un centenar de niños de los que la mayoría no han sido detectados. «El diagnóstico a veces se demora demasiado», asegura el presidente de APADAC, e incluso puede no llegar nunca. Muchos se convierten en adultos sin saber lo que les pasa, y en lugar de explotar sus capacidades viven el «fracaso» de no haber sido capaces de integrarse en el sistema.

Pero los problemas no se reducen al rendimiento escolar. A los hijos de Ana Isabel y Alfredo «les afectan mucho las luces y los ruidos, y no toleran los gritos». Las personas con altas capacidades suelen ser muy sensibles y muy intensas en sus emociones. «Les cuesta gestionarlas», asegura Luis Romo. Él también es padre de dos niños superdotados, y reconoce que «el día a día es muy complicado». Su esposa, Olga Rodríguez, explica que «el niño es muy sensible al frío, al calor, a las texturas…». No le sirve cualquier ropa, ni tampoco cualquier comida. Es obsesivo, tiene que seguir rituales… «Son muy difíciles de educar, y muchas veces te das cuenta de que tú no llegas», cuenta.

Fuera del sistema

El sistema hace aguas por todas partes. Ni hay profesionales preparados para detectar las altas capacidades ni para ayudar a los padres a manejarlas. «Cuando se desconoce una cosa y no se sabe como atenderla, lo que se intenta es normalizarla», cuenta Del Castillo. Estos niños suelen estar presionados para amoldarse a un ritmo que no es el suyo, a unas pautas concretas de aprendizaje que ellos son incapaces de seguir. «Hay que comprender qué les pasa y de donde vienen esos comportamientos tan intensos, pero lo que ocurre es que se derivan casos a salud mental porque nadie sabe lo que le pasa al niño», lamenta.

La forma de detectar y tratar las altas capacidades no se estudia ni en las facultades de Educación ni en las de Psicología, y los centros escolares se encuentran sin profesionales preparados para atender a estos niños. A Ana Isabel y a Alfredo, cuando su hijo mayor tenía cuatro años, les dijeron «que lo hacía todo mal». Estuvo a punto de caer en el fracaso escolar.

Su solución llegó casi por casualidad. Un día, hablando con un conocido, descubrieron las escuelas rurales, y desde entonces todo comenzó a cambiar. Allí, con un número de alumnos reducido y con niños de varias edades compartiendo espacio, Lucas comenzó a sentirse más cómodo. «La atención es mucho más personalizada, y si él tiene interés en algo de un curso más avanzado, puede atender y participar en esas actividades.

«No se trata de atender solo a lo académico sino, sobre todo, a lo emocional», señalan Luis y Olga. También ellos han sufrido los problemas en el colegio de sus hijos. «Es que es una lotería, porque no hay desarrolladas pautas concretas, sino que dependes de la voluntad de los docentes», explica Luis, que lamenta que, a veces, haya «incluso hostilidad».

Ahora, en el colegio de Tristán coinciden varios alumnos con altas capacidades, lo que ha motivado a los profesores para formarse y aprender cómo atenderlos, pero las cosas seguirán siendo complicadas. «No puedes educarlos como a niños normales, ni tratar de que te obedezcan porque sí. Con ellos tienes que razonarlo todo», cuenta Jorge del Castillo.

Los niños con altas capacidades aprenden de una manera diferente, a menudo sin ayuda, y con frecuencia no se adaptan a las exigencias que les impone el sistema. Tampoco el patrón es el mismo para todos, sino que la casuística es muy distinta. En su caso, por ejemplo, sus dos hijos son superdotados, pero su evolución ha sido completamente diferente: mientras que la mayor empezó a hablar y a contar de manera muy precoz, el pequeño no comenzó a articular frases casi hasta los cuatro años, e incluso su desarrollo motor fue muy retrasado con respecto a la media, pero a los tres años era capaz de dibujar con sorprendente exactitud un plano de su casa al supermercado y aprende inglés a una velocidad de vértigo solo con oírlo. «Yo no le puedo guiar», dice su padre. El pequeño Tristán es autónomo en su aprendizaje.

La línea para diagnosticar las altas capacidades está en un coeficiente intelectual a partir de 130, pero «los test actuales no están pensados para detectar a estas personas, y muchas veces no sale ese número mágico de 130», explica el presidente de APADAC. Por el camino se quedan muchas personas que se frustran porque no encajan, que no se sienten parte del engranaje. «Se está perdiendo un gran potencial», alerta Ana Isabel, que cree que la sociedad está desperdiciando mentes brillantes cuyas habilidades se quedan sin desarrollar, o que no consiguen pasar cursos o sacar buenas notas. «Hay que seguir su ritmo y atender sus peticiones», dice Luis. Solo así consigue explotarse ese enorme talento para determinadas materias que estos niños albergan en su interior.

«Necesitamos ayuda»

«A nosotros, como padres, nos preocupa manejar todo esto, necesitamos que nos ayuden», pide Olga. Pero el único apoyo de estas familias es APADAC. La asociación agrupa a acerca de tres centenares de familias cuyos hijos tienen altas capacidades, aunque algunos aún no están reconocidos oficialmente. Allí existen psicólogos que pueden valorarlos, pero lo más importante es que tanto padres como niños reciben atención.

APADAC organiza semanalmente en Gijón y Oviedo, aunque no en Avilés, talleres de materias en las que estos pequeños suelen estar interesados. Hacen experimentos científicos, aprenden astronomía, exploran el cuerpo humano o hablan de arqueología o electricidad. Pero quizás los más importante sea la actividad de ‘Desincronía Emocional’, la más útil para ayudarles a gestionar adecuadamente sus intensas emociones. El éxito, a menudo, empieza por ahí.